Capítulo 8
Atracción innegable
El proyecto ya se acercaba a su fase final, y con ello, la tensión que se había ido acumulando entre Clara y Leonardo alcanzaba un punto que ninguno de los dos podía ignorar. La rutina de trabajo conjunto, las horas compartidas en la oficina y los viajes para presentar avances habían sido el caldo de cultivo para que algo más que respeto profesional creciera entre ellos.
Aquella tarde, sentados frente a sus computadoras en la sala de reuniones, la atmósfera parecía cargada de una energía distinta. Clara, normalmente tan contenida, notaba cómo sus ojos se posaban más tiempo de lo habitual en Leonardo, captando cada gesto, cada sonrisa fugaz. Leonardo, por su parte, intentaba concentrarse en las cifras y proyecciones, pero la presencia de Clara a su lado lo distraía de formas que no podía controlar.
El silencio fue roto por una risa nerviosa de Clara cuando Leonardo hizo un comentario sarcástico sobre una diapositiva mal presentada. Esa risa fue la chispa que encendió una conversación más personal, más allá del proyecto. Comenzaron a intercambiar pequeños detalles sobre sus vidas fuera del trabajo, sus gustos, sus miedos más profundos.
Con cada palabra, la barrera que los había separado durante semanas se desvanecía. Leonardo confesó que siempre había admirado la pasión y la determinación de Clara, aunque su método fuera tan diferente al suyo. Clara admitió que, a pesar de su resistencia inicial, había encontrado en Leonardo una mente brillante y un corazón que también luchaba contra sus propias inseguridades.
La proximidad física se volvió innegable cuando, al alcanzar la misma conclusión para un problema complejo del proyecto, sus manos se rozaron accidentalmente sobre el teclado compartido. El contacto fue breve, pero suficiente para que ambos sintieran una corriente eléctrica recorrer sus cuerpos. Sin apartar la mirada, Leonardo susurró que quizás era momento de dejar de negar lo que sentían.
Clara sintió que un torbellino de emociones la invadía; miedo, deseo, incertidumbre. Pero también una certeza profunda: aquello que había crecido entre ellos no era solo una atracción pasajera, sino una conexión que podría transformar sus vidas.
Afuera, la noche comenzaba a caer, y con ella, la promesa de un nuevo comienzo. Sabían que el proyecto aún no terminaba y que los desafíos seguirían, pero ahora tenían algo más fuerte para enfrentar juntos: el reconocimiento de una atracción innegable que los unía más allá de las normas y las pasiones que siempre los habían separado.