Capítulo 2
Susurros del pasado
Al amanecer del segundo día en Santa Lucía, Julián se despertó con la mente llena de preguntas. La nota críptica encontrada junto al cuerpo de Don Ernesto seguía resonando en su cabeza: "La verdad se oculta donde el tiempo se detuvo". Decidió que para avanzar debía conocer más sobre la vida del anciano y su familia, buscando pistas que pudieran conectar el reciente crimen con algo más profundo.
Se dirigió primero a la biblioteca municipal, un edificio antiguo lleno de registros y documentos que podrían arrojar luz sobre la historia local. Allí, entre archivos polvorientos, Julián encontró un libro de genealogía que mencionaba a la familia de Don Ernesto, destacando una disputa antigua relacionada con la herencia y secretos guardados celosamente por generaciones.
Una foto en blanco y negro llamó su atención: mostraba a un joven Ernesto junto a un hombre mayor, ambos con expresiones tensas. En la parte trasera, una fecha y un nombre: "Santa Lucía, 1952, Mateo". Julián sintió que aquel Mateo podía ser la clave para desentrañar la intrincada red que envolvía el caso.
Decidió visitar a la única persona que podría saber sobre Mateo: la señora Carmen, la vecina más longeva del pueblo. La encontró en su casa, una cabaña adornada con flores marchitas y recuerdos del pasado. Carmen habló con voz temblorosa, revelando que Mateo había sido amigo cercano de Don Ernesto, pero que un grave conflicto los había separado hace décadas. Mencionó también un suceso que había marcado a la familia: la desaparición misteriosa de un documento que contenía información vital sobre la fortuna y el honor de los Martínez.
Mientras escuchaba, Julián tomó nota mental de cada detalle. La historia era más compleja de lo que parecía, y el crimen reciente podría estar relacionado con viejas heridas no sanadas. Decidió que debía encontrar ese documento perdido para entender por qué alguien querría silenciar a Don Ernesto.
Antes de marcharse, Carmen le advirtió que en Santa Lucía, a veces, los susurros del pasado eran más peligrosos que cualquier arma. Julián comprendió que su búsqueda de la verdad apenas comenzaba, y que cada nuevo indicio lo acercaba a un secreto que muchos preferirían mantener enterrado para siempre.
Con renovada determinación, Julián salió de la casa, preparado para seguir la pista de Mateo, el documento perdido y las sombras que acechaban en el corazón del pueblo, decidido a descubrir la verdad oculta tras el crimen que había despertado ecos del pasado.