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Novela

Reflejos que No Vuelven

Capítulo 3

El espejo se quiebra

~5 min
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Mateo se acerca al espejo con la intención de continuar sus experimentos, la curiosidad y el desconcierto lo impulsan a observar con atención cada movimiento y cada pequeña diferencia en la réplica de su reflejo. Esta mañana, sin embargo, algo en el aire parece tenso, como si una energía invisible presagiara un cambio.

Al levantar una mano para hacer un gesto lento y deliberado, su pie roza involuntariamente el borde de una pequeña mesa cercana. Un sonido claro y estridente rompe la quietud: el espejo, con un temblor apenas perceptible, empieza a vibrar y un fragmento del vidrio se desprende, cayendo al suelo con un chasquido seco y resonante. Mateo se queda paralizado, con el corazón acelerado, mientras observa cómo la grieta se extiende rápidamente desde el punto de impacto, surcando el espejo en líneas irregulares que transforman su reflejo en un mosaico distorsionado.

Al mirar fijamente, nota algo aún más inquietante: su reflejo comienza a desvanecerse, los contornos de su cuerpo se vuelven borrosos y finalmente desaparecen por completo. La superficie del espejo, antes un portal a una imagen casi idéntica, ahora es solo un vidrio roto y sin vida. Mateo siente un frío recorrer su espalda mientras intenta entender qué acaba de ocurrir. ¿Es posible que el espejo sea la fuente del fenómeno? ¿O acaso el reflejo existía en un espacio entre la realidad y el cristal?

Con cautela, extiende una mano hacia la zona intacta del espejo, esperando que su reflejo reaparezca, pero la superficie le devuelve solo fragmentos rotos de luz y sombra. Intenta hablarle, susurrar su nombre, pero no recibe respuesta. La ausencia de ese otro él, ese espejo que antes parecía tener voluntad propia, lo envuelve en un silencio pesado y desconcertante.

Mateo se aleja unos pasos, reflexionando sobre lo que acaba de suceder. Su mente se llena de preguntas sin respuestas. Si el espejo se ha roto y con él desapareció el reflejo, ¿significa eso que su conexión con esa imagen era frágil y dependía de la integridad del vidrio? ¿O acaso el reflejo es algo más que una simple imagen reflejada, una entidad que existía solo mientras el espejo estuviera entero?

Mientras observa los pedazos de vidrio en el suelo, siente una mezcla de miedo y fascinación. La realidad que conocía parece tambalearse, y con ella, su propia identidad. El reflejo que le había acompañado, desafiando las leyes naturales, se ha esfumado, dejándolo solo frente a un vacío inexplicable.

Sin embargo, una idea comienza a formarse en su mente: quizás este accidente no es solo una casualidad, sino una pieza más en el misterio. Tal vez la ruptura del espejo es una señal, un límite que no debía cruzar o una invitación a mirar más allá de lo visible.

Decidido a no rendirse, Mateo recoge cuidadosamente los fragmentos de vidrio, pensando que podrían contener alguna pista. Examina cada pedazo, buscando reflejos, destellos o cualquier indicio de que el fenómeno pueda manifestarse de otra forma. Pero por ahora, todo parece muerto, sin vida ni movimiento.

La habitación parece más silenciosa que nunca, como si la ausencia del reflejo hubiera absorbido el ruido y la luz. Mateo siente una soledad profunda, una desconexión que va más allá de lo físico. Se pregunta si el reflejo está atrapado en algún lugar, si aún existe pero separado de él, o si ha desaparecido para siempre.

Mientras se sienta en el suelo, rodeado de los restos del espejo, una sensación de urgencia crece en su pecho. Debe encontrar una manera de entender qué ha ocurrido, de recuperar ese vínculo roto o al menos descubrir la verdad oculta detrás del reflejo y el vidrio.

Afuera, el sol comienza a ocultarse, y las sombras de la noche se extienden lentamente. Mateo sabe que su viaje apenas comienza, que el quiebre del espejo es solo el primer paso hacia un misterio más profundo y perturbador. Sin embargo, una pregunta persiste en su mente, latiendo con fuerza en la oscuridad: ¿qué sucederá si el reflejo decide no volver?

Mateo se queda allí, inmóvil, con la mirada fija en los fragmentos dispersos a sus pies. Cada pedazo refleja un trozo distorsionado de la habitación, como si el mundo se hubiera fragmentado junto con el espejo. Su mente no puede evitar imaginar que, en algún lugar más allá de ese vidrio roto, su reflejo existe de forma independiente, tal vez atrapado en una dimensión paralela, desconectado de su cuerpo original.

La idea le produce una mezcla de temor y curiosidad. ¿Podría su reflejo tener conciencia propia? ¿Sentiría miedo o tristeza por estar separado de él? Mateo se levanta lentamente, con un nuevo propósito: no dejar que ese vínculo se pierda para siempre. Recoge con cuidado los fragmentos más grandes, tratando de no cortarse, y los coloca sobre la mesa.

Mientras lo hace, una sensación extraña recorre su piel, como si el vidrio aún emitiera una energía sutil, apenas perceptible. Se pregunta si esa energía es la clave para restaurar la conexión rota. De repente, una idea cruza su mente: ¿y si no se trata solo de reconstruir el espejo físicamente, sino también de reparar lo que se rompió en el plano invisible?

Mateo sabe que necesitará ayuda para entender esto, alguien que haya estudiado fenómenos similares o que posea conocimientos ocultos. Piensa en su profesor de filosofía, quien siempre mostraba interés por temas de identidad y realidad, o en una vieja librería del centro donde venden libros raros sobre el esoterismo y lo paranormal.

La noche avanza y la habitación se llena de sombras, pero dentro de Mateo crece una determinación firme. No está dispuesto a aceptar que su reflejo haya desaparecido sin razón ni explicación. El misterio apenas comienza, y él está dispuesto a enfrentarlo, paso a paso, fragmento a fragmento.

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