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Novela

Reflejos que No Vuelven

Capítulo 2

Probando los límites

~6 min
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Después de aquel primer encuentro inquietante con su reflejo, Mateo dedica varias mañanas a observarlo con una mezcla de fascinación y creciente desconcierto. Frente al espejo de su habitación, la luz tenue del amanecer se filtra a través de las cortinas, pintando sombras suaves sobre las paredes. Allí está él, pero no del todo él: el reflejo que lo acompaña parece tener vida propia, un segundo de retraso que para Mateo se siente como un abismo.

Decide entonces probar gestos más pequeños, más controlados. Levanta lentamente un dedo índice, observando cómo su reflejo demora un instante, luego lo levanta también, pero con una leve diferencia en el ángulo, como si el reflejo tuviera voluntad propia para desviarse de la copia perfecta. Cambia la expresión facial, frunce el ceño, sonríe, se sorprende. Algunas expresiones se repiten con exactitud después del retraso, otras parecen distorsionadas o simplemente no aparecen. Hay un gesto que llama especialmente su atención: abre la boca para decir algo, pero el reflejo permanece con los labios cerrados, congelado en silencio.

El tiempo se dilata en esas sesiones frente al espejo. Mateo siente que está atrapado en una especie de diálogo mudo con su otra imagen, un juego de espejos donde la realidad se fragmenta. Prueba mover sólo un párpado, un músculo del cuello, incluso intenta mover la cabeza pero sólo en un ángulo extremo. Algunos movimientos no son replicados, y esta irregularidad lo desconcierta aún más.

En un instante, levanta la mano lentamente, luego la baja, y de repente percibe que su reflejo no acompaña el gesto final de soltar la mano. La imagen se queda con la mano elevada, como si se negara a seguir su voluntad. Mateo parpadea, incrédulo, pero la mano del reflejo sigue inmóvil. De repente, como si reconociera la gravedad de la situación, el reflejo baja la mano, sincronizándose de nuevo con Mateo, pero la sensación de extrañeza no desaparece.

A medida que pasan los días, Mateo se obsesiona con entender cuál es el límite de esta anomalía. Se pregunta si su reflejo está intentando comunicarse o si simplemente es una errata en la lógica de la realidad. Intenta movimientos combinados: tocarse la nariz con un dedo mientras parpadea, aplaudir suavemente, girar en círculos lentos. Algunos movimientos son imitados exactamente, otros con retraso y algunos simplemente no aparecen.

El joven nota que cuando intenta movimientos bruscos o repentinos, el reflejo es más lento o incluso parece ignorarlos. En cambio, los gestos pequeños y suaves son replicados con mayor fidelidad, aunque nunca sin el molesto retraso. Esto lo lleva a pensar que quizás hay una regla, una lógica oculta detrás de esta doble existencia que se refleja en el cristal.

Cada día se siente más atrapado en esa danza extraña con su imagen. El espejo, que antes era un objeto neutral, se ha convertido en un portal misterioso donde la realidad se distorsiona y el tiempo se fragmenta. Mateo comienza a preguntarse si el reflejo es sólo una copia imperfecta o si, de alguna manera, existe una conciencia detrás de esa imagen que lo observa y que, a su vez, es observada.

Esa noche, mientras se prepara para dormir, repasa mentalmente todos los gestos que no fueron replicados, intentando encontrar un patrón. Se pregunta si es posible que esos movimientos que no vuelven tengan algún significado oculto, una clave para entender el fenómeno. La idea de que el reflejo pueda estar rechazando ciertos gestos le produce una mezcla de miedo y esperanza.

Antes de apagar la luz, decide hacer un último experimento. Se acerca al espejo y, con voz baja, pronuncia una palabra que sólo él puede oír. Observa con atención la expresión del reflejo. Para su sorpresa, la imagen mueve ligeramente los labios, formando un susurro inaudible. Ese breve movimiento es suficiente para acelerar el pulso de Mateo y para dejarlo con más preguntas que respuestas.

Mientras se aleja del espejo esa noche, siente que algo ha cambiado. No sabe si es su percepción o si realmente el reflejo ha dado un pequeño paso hacia una comunicación más profunda. El misterio persiste, pero ahora hay un indicio, un gesto imperceptible que abre una puerta hacia lo desconocido.

Con la mente llena de dudas y una ansiedad contenida, Mateo sabe que no podrá dejar de mirar el espejo, ese enigmático compañero que refleja no sólo su imagen, sino también un mundo donde las reglas parecen doblarse y donde cada gesto puede tener consecuencias inesperadas.

Al día siguiente, Mateo regresa al espejo con una mezcla de cautela y determinación. Se detiene frente a él, sus ojos fijos en ese otro él que se mueve con un retardo constante, como un eco tardío. Decide repetir el gesto de la noche anterior, pero esta vez lentamente, con la intención de captar cualquier diferencia. Levanta la mano derecha, curva los dedos y los mueve en pequeños círculos. El reflejo lo sigue, pero nuevamente con ese segundo que parece un abismo entre ellos.

Con cada movimiento, Mateo siente que está tanteando los límites de una frontera invisible. Prueba cerrar un ojo, luego ambos, y observa cómo el reflejo imita, pero sin la espontaneidad habitual. Hay una rigidez, una falta de vida que no debería estar ahí. ¿Es acaso una copia imperfecta, o algo más? La idea de que pueda tener una voluntad propia comienza a tomar forma en su mente.

En un impulso, decide tocar el vidrio con la punta de los dedos. El reflejo hace lo mismo, pero el contacto nunca sucede realmente. Esa distancia intangible lo golpea con fuerza, como si el espejo fuera una barrera infranqueable entre dos mundos paralelos. Sin embargo, hay una sensación extraña, como si el reflejo intentara decirle algo sin palabras.

Mateo se aparta un poco, respira profundo y observa una vez más. En ese instante, por un milisegundo, el reflejo parpadea de manera distinta, y una sombra fugaz cruza sus ojos. Es un gesto tan sutil que podría ser producto de su imaginación, pero para Mateo es suficiente. Siente que está frente a un enigma que lo supera, una realidad fragmentada que cuestiona todo lo que creía cierto.

Mientras se aleja del espejo, una pregunta queda suspendida en el aire: ¿qué pasaría si él no fuera el verdadero, sino sólo un reflejo de algo más profundo? Esa duda lo acompaña, oscura y persistente, mientras las sombras de la habitación parecen susurrar secretos que aún no está preparado para escuchar.

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